Hoy disfrutamos de una experiencia artística muy especial en el Museo Nicanor Piñole gracias a la actividad El Árbol y el Tambor. No fue una visita tradicional: esta vez no solo miramos los cuadros… ¡los escuchamos, los olimos y los sentimos con todo el cuerpo!
Oír los cuadros
Comenzamos la actividad hablando sobre los sonidos y compartiendo cuál era nuestro sonido favorito. Después, cuando entramos en la sala de los cuadros, fuimos observando sus imágenes y pensando qué sonidos podrían escucharse allí: el murmullo del mar, el viento entre los árboles, pasos, risas, voces… Cada obra parecía tener su propio paisaje sonoro. Así descubrimos que los cuadros también pueden “contar” cosas a través de los sonidos que imaginamos.
Oler el arte
En esta parte de la actividad activamos nuestro olfato y nos imaginamos los olores que podía haber en cada cuadro. Algunos fueron muy especiales: el chocolate caliente, los helados de la playa, la brisa del mar o el aroma de un día de campo, con ese olor a hierba fresca. Estos olores inventados nos ayudaron a viajar con la imaginación y a ver el arte desde una perspectiva totalmente nueva.
Moverse con las emociones
Una vez que habíamos escuchado y olido las obras, tocaba representarlas con el cuerpo. Nos movimos imitando formas de caminos, personas, animales y movimientos inspirados en los cuadros, por eso seguimos el ritmo del tambor. Fue un momento lleno de creatividad, risas y libertad de expresión.
Creamos nuestra propia obra
Para terminar, nos convertimos en artistas. Realizamos una obra de arte inspirada en todo lo vivido y construimos nuestro propio árbol, símbolo central de la actividad. Cada uno firmó su creación con su nombre, como hacen los verdaderos artistas.
Fue una visita llena de descubrimientos, sensaciones y creatividad. Una experiencia diferente que nos permitió acercarnos al arte de una forma más profunda, divertida y personal. ¡Seguro que volveremos al Museo Nicanor Piñole a seguir explorando el mundo a través de los sentidos!
