El viaje comenzó con una visita muy especial: Mandi llegó a la escuela con su maleta preparada. Dentro no había ropa cualquiera, sino símbolos de aventura: pasaporte, DNI, billetes de tren y avión, un mapa, dinero, un neceser de higiene y un móvil. Objeto a objeto, Mandi nos lanzó una pregunta silenciosa: ¿Me acompañais a dar la vuelta al mundo?

En el patio nos esperaba el juego. En el suelo, rectángulos de colores: azul, rojo, amarillo, morado y verde marcaban el camino. Dos dados decidían el destino: uno de colores y otro con medios de transporte, barcos y aviones que nos invitaban a cruzar mares y cielos. En el panel, las mascotas de las clases aguardaban de espaldas: Pato Cua, Gorrión Piquito, Tortuga Tuga, León Leo, Koala Kiko, Erizo Pinchito, Águila Plumi y Elefante Barri.
Una a una fueron apareciendo. El grupo que salía tenía la misión de lanzar los dados, entrar en el rectángulo correspondiente y bailar junto a Mandi al ritmo de canciones representativas de los distintos continentes.

Una a una fueron apareciendo. El grupo que salía tenía la misión de lanzar los dados, entrar
en el rectángulo correspondiente y bailar junto a Mandi al ritmo de canciones
representativas de los distintos continentes. El patio se llenó de movimiento, risas y sonidos
lejanos. Cada grupo bailó. Cada grupo viajó. Y todos, sin excepción, sellaron su
compromiso: acompañar a Mandi en esta aventura alrededor del mundo.

Así comenzó el proyecto. Con el cuerpo en movimiento, la imaginación despierta y el corazón listo para explorar.

Porque viajar también es aprender a mirar.

Y el viaje ya ha empezado.